lunes, 2 de mayo de 2016

EN LA FERIA DEL LIBRO


COMPARTIENDO VIVENCIAS...

¿Qué sería de las personas aficionadas a la lectura sin las escritoras y los escritores?





Pero, a su vez: ¿qué sería de quienes escribimos (poemas, relatos, cuentos, novelas, etc.) sin nuestros lectores, sin esas personas que se nos acercan a través de nuestros libros… y acogen, receptivamente, cuanto escribimos?




Cuando conocemos, contabilizamos, que se han realizado ventas de nuestros libros, podemos saber que ha habidos quienes los adquirieron y, supuestamente, que hay un público que nos lee…





Pero nada es… como sucede cuando estamos en una Feria del Libro: ahí comprobamos con la evidencia, viendo que hay personas (quizás de todas las edades) que se acercan a leer alguna página, algún capítulo de uno u otro de nuestros libros. Esa es ¡una satisfacción única!, que nos hace sentir que sí, que la comunicación es posible entre quien deja ofertada su obra (resultado de horas, días, semanas, meses… de dedicación) y ese público que, en ese momento, no es anónimo e inconcreto, sino que tiene rostro que, tantas veces, con su mirada, su sonrisa, su gesto lleno de admiración o hasta con lágrimas…, acaso también con su palabra, está expresando un sentimiento.





























sábado, 5 de diciembre de 2015

UN LIBRO PARA CONTAR…


LAS COSAS... 

Y LOS CUENTOS


La vida es plural: cada día suceden acontecimientos, más o menos importantes, dignos de quedar reseñados o registrados por alguien. 

Y hay personas felices y gente que sufre. Y hay días de sol. Y hay días de lluvia...

Sucesos que siempre hay a quienes les gustaría recordar.



Entonces, los fotógrafos, les hacen fotografías. Mientas que los pintores, las pintan. Y hay pintores alegres y los hay tristes.

También hay quienes saben cantar y les gusta hacerlo.

E, igualmente, músicos que las interpretan como melodías. Y hay melodías tristes y alegres.


Las abuelas y los abuelos, dan cariño y cuentan cuentos...; dando cumplimiento al séptimo principio de los Derechos del Niño que habla de la necesaria atención que se les ha de dar a los menores de disfrutar de educación y de actividades recreativas. Mientras que, paralelamente, también todos los abuelos tienen derecho a que sus nietos los escuchen.

Sí, cada día, pasan ¡muchas cosas!

Y... ¡van los escritores ¡y las escriben! Y escribiendo, escribiendo, hacen libros. Y para las niñas y los niños, las narran como cuentos. Pues es necesario responder a cabalidad al derecho que tienen todos los que viene al mundo.



Aquí un libro “EL LAGARTO VERDE Y OTROS CUENTOS DEL ABUELO” escrito por… un abuelo. ¿Cómo puede ser? ¡Pues un libro de cuentos, escrito con cariño!

Este libro de cuentos no es sólo una excusa, es decididamente una colección de invitaciones… con el propósito de que ese mensaje llegue.

Aunque algo más: la misión de los abuelos no es sólo “malcriar” a los nietos, dándoles el cariño a espuertas; siempre con una actitud llena de compresión y de paciencia, de saber escuchar sin prisas; dando amor incondicional, con gestos de ternura emocionada, que los hagan sentir las ganas de vivir.

Estimulándolos a ir descubriendo el sentido de su existencia.


A los abuelos, se nos llama “mal-educadores”, pero no se les puede negar la importante misión que tienen de transmitir, con sabia humildad, a las nuevas generaciones, tantas veces, faltas de esperanza, la ilusión y la sensibilidad para captar la belleza de las cosas pequeñas.

La sensibilidad, como todo en la vida, se pierde porque se olvida… ¡cuántas cosas perdemos a lo largo de nuestro currículo vital porque las dejamos a un lado y nos olvidamos!


La sensibilidad es como una caja de música que guardamos en un cajón y que… como no le damos cuerda, deja de sonar… y, como deja de sonar, la olvidamos… y llega un momento en que ya no sabemos dónde la habíamos dejado.

Y junto a la sensibilidad, la emoción de maravillarse, cada día, de la propia existencia y de cuanto sucede a nuestro alrededor.

Motivaciones imprescindibles para cargar de sensibilidad los corazones de nuestra gente menuda y para infundir en sus mentes el afán a la construcción de un mundo, de una sociedad mejor…, para que (ellas y ellos) tengan un futuro próspero y feliz.


El lagarto verde, cuento con el que se inicia el libro, además de ser un título sugerente, es una invitación a pensar en ecología y en esperanza; también se trata de un cuento emblemático dentro de esta colección de treinta tantos, en la que el lagarto habla a mi nieta predilecta para  sugerirle pistas para ser feliz e invitarla a que dé gracias a la vida ¡todos los días!

Así una colección de relato-cuentos llenos de luz y de animosidad, de ternura y generosidad, de esperanza y dilección. Una buena fórmula de dar cumplimiento a ese séptimo principio de los Derechos del Niño (que habla de la necesaria atención que se les ha de dar de disfrutar de educación y de actividades recreativas).


Y la experiencia única de escuchar cuentos, con la voz de un ser querido…, es algo que nunca se olvida; seguramente porque es una manifestación de amor dilecto que deja la mejor de las huellas, como vivencias de una infancia feliz.

Un libro para regalar y disfrutar compartiéndolo…, página a página. Ojalá que quienes los lean, les apetezca contarlos ¡muchas veces! Así habrá cumplido la misión de llegar a muchos oídos y, con ello, llevar alborozo a muchas personitas.






lunes, 30 de noviembre de 2015

PRESENTACIÓN DEL NUEVO LIBRO DE JOSÉ ANTONIO AGUILAR


“…Y EN EL CENTRO EL AMOR”

Mucho se ha escrito sobre el amor, a través de la historia. Pero como la historia sigue, el amigo José Antonio también lo hace; y sigue dejándonos las puertas abiertas para que continuemos buscando, dudando e indagando…

De todos modos, a mí me parece que es un tema del que no es fácil decir, acertadamente, lo que nos hace percibir este sentimiento que ¡puede alcanzar la más alta cima o la más definitiva y profunda de las simas!





¿Por qué?

En primer lugar, porque (como dice José Antonio Aguilar) el amor tiene muchas vertientes. Tantas que, pudiendo ser el centro de todo, fuerza cósmica que lo aglutina todo, vínculo fundamental de la unidad universal…, también nos puede llevar a arrastrarnos hasta la demencia, a la infelicidad, al desastre.





Pues el Amor marcha paralelo, seguramente unido al Eros. Y con ello, amar es atracción física, es pasión, es goce de la posesión.

Quizás hasta gritar:
“Quiero ser la nube
que robe tus sueños
y funda en mi pecho
los tuyos y los míos…”



El “problema” del amor es que para que se dé plenamente, tienen que coincidir, al menos, dos personas:

Por una parte, alguien capaz de ofrecerlo. Y, del otro lado, alguien capaz de acepar ese amor. Pues…, si no hay quien esté para recoger las flores ¿para qué cortarlas y convertirlas en un ramo?, ¿a dónde va el amor… si no existe un alma dispuesta a recibir el racimo de sentimientos que se le ofrece?

El poeta dirá:

“… no me pidas que niegue de tu amor,
no me pidas jamás que no te quiera.”

“… no rompas con tu ausencia
la alegría…”

¿Cómo lograr cerrar ese “circulo” que cierra la auténtica aventura humana de amar y ser amada o amado?
Cuando salta la chispa, cuando Cupido lanza su envenenado dardo, la persona enamorada ¡ha de poner todo su empeño!, y esperar ¡a que la diosa Venus lo haga posible!
Pues:

“El amor es bandera
clavada en el costado de la vida.”
A veces quien se enamora, puede sentirse abducido (nos dice el poeta autor) pero yo creo que esta abducción no es amor, sino rendimiento.
Claro que ¿no tiene algo de capitulación, de cesión, de entrega sin reservas esto de amar…?
Podría decirse:

“Dime tú que eres mi esencia,
en quién con calma confío
como encauzar este río
que deriva mi existencia.”

Como aparece en el prólogo del libro que hoy sacamos a la luz:

El poemario de José Antonio no es para leerlo… ¡es para sentirlo! Acaso para soñarlo tantas veces como sea posible.

Pues tiene “caminos de triste ausencia” y también tanto “perfume conocido…”
“Una rosa.
Una espina.”



  

“…Y EN EL CENTRO EL AMOR” es un gran libro de poesía que, bien podría ser un libro de estudio para mucha alma reseca y mustia de importante parte de nuestras nuevas generaciones… que, acaso, ya no sabe lo que es “enamorar-se” de la belleza que está en vivir, soñar, desear.

“Poesía eres tú”, decía hace dos siglos, el insigne poeta sevillano Gustavo Adolfo.

¿A quiénes le sale de lo adentro, decir ahora, ya en la segunda década del siglo XXI, algo así como: No me preguntes nada…, yo te miro y puedo decir “tú eres poesía”?

Pues sí, José Antonio, lo siente y manifiesta que hasta son razón de su esperanza, pidiendo:
“No faltes a mi ventana cada día,
no olvides en la noche mi palabra,
no rompas con tu ausencia mi alegría,
no dejes mi cosecha abandonada…”  

O, tal vez, acaso:

“Estoy buscando por los ángulos del alma
el dulce gozo de los besos que te di
porque hallarlos significa hallar la calma
ganar de nuevo los anhelos que perdí.”

 “Estoy buscando en el latir del corazón
aquellos ecos que me hablen de tu vida…”

O, simplemente:

“Quisiera ser tu camino,
tu casa, tu tiempo…”



Después de su atrevida exhibición, en “RAMPA”, abriendo su alma con palabras hechas auténtica poesía,  este hombre, enamorado de la vida y la belleza, nos trae ahora otra, no menos intimista, una colección de palabras abrazadas y tan bien compenetradas hasta hacerse un libro entero versos… ¡Y en el centro el amor!

Claro que “el amor tiene muchas vertientes” y para llegar a él, también muy diversos caminos.








José Antonio, nos lo recuerda… y hasta demuestra con este hermoso libro de poesía con olor a mujer, querida, deseada y también amada.

Sea ésta una ocasión para recomendar su lectura y disfrutarla… mejor si es estando en buena compañía.